¡Compartir es vivir!

Hace poco enseñé una palabra nueva a mis hijos: resiliencia. Según  la RAE, “resiliencia” es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.

No torturo a mis hijos con palabras complicadas porque sí. Había una razón. Estábamos en la playa, en la orilla, haciendo un refugio con un muro de arena alrededor  para combatir las olas. Esto, en las aguas del Cantábrico cuando sube la marea, es una desesperada batalla perdida. Con mucho esfuerzo, construimos unos muros de contención altos y gruesos, y probamos un “innovador” diseño más aerodinámico en pico para tratar de frenar el embiste de la ola. Pero al final llegó una serie de olas que acabó entrando y asolando el refugio.

Tras el destrozo causado por las olas, mis hijos estaban indignados, ¿para qué había servido tanto esfuerzo? ¿qué sentido tenía volver a intentarlo otro día si sabíamos que al final siempre íbamos a perder contra el mar?

Resiliencia. Hay que aceptar, sobreponerse y volver a intentarlo. Eso sí, si quieres resultados diferentes, busca soluciones diferentes.

Todos los emprendedores deberíamos ser resilientes, muy especialmente los que tratamos con proyectos vinculados a la innovación y a la creación. Decía David Muñoz en Bloguionistas que “Los guionistas que consiguen dedicarse a esto no son siempre los que tienen más talento, sino los más cabezones”. Y aun así, el talento, el trabajo, y el esfuerzo a veces tampoco son suficientes.

Resiliencia no es lo mismo que fortaleza. En su segunda acepción, la RAE nos da la clave: “Capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación”. Es decir, la resiliencia implica elasticidad, saber parar los golpes.

Ahora que la innovación está tan de moda, y que se hacen tantos seminarios sobre el tema, yo propongo un máster en resiliencia. Porque la innovación, por muy bien vestida que vaya, muchas veces no obtiene los resultados esperados.

Seguro que conocéis la historia de El Cosmonauta? El Cosmonauta es un proyecto transmedia (en realidad, una peli con aderezos) que se inició en 2008 y se financió gracias al crowdfunding y al crowdsourcing de más de 5000 personas.

Hace unos meses, Nicolás Alcalá y su socios de Riot Cinema escribían un larguísimo post titulado “El Cosmonauta: un año después”. Para los que os dé pereza leerlo, viene a decir que daban el proyecto y la productora por finiquitada. Que tras cinco años de trabajo en uno de los proyectos de crowdfunding más importantes de España (y uno de los más gordos a nivel Europeo), lo único que han ganado es un puñado de amigos y mucha experiencia. Económicamente ha sido ruinoso, y la película no ha tenido la acogida esperada. Los motivos que más he escuchado se refieren a un exceso de improvisación y a falta de experiencia. Más allá de las consideraciones sobre la calidad de la película, e incluso sobre los ríos de tinta vertidos sobre la discutible actitud personal del propio Alcalá, no cabe duda de que tuvieron un par. Se la jugaron con un proyecto innovador a una edad en la que la mayoría de nosotros estábamos decidiendo qué queríamos hacer con nuestra vida.

Pero no fue el éxito esperado por ellos. Esto es así.

Por otro lado, un producto innovador y de calidad, un emprendedor preparado y con experiencia, unos estudios que avalan la idoneidad del momento y el equipo adecuado lamentable tampoco aseguran el éxito. Hace unos años participé en un proyecto ilusionante que lo tenía todo para triunfar y tampoco funcionó, y en este caso no fue ni por improvisación ni por falta de experiencia. Mi implicación en el proyecto me hace más difícil adivinar las causas, pero sí conozco las consecuencias: desánimo y la sensación de luchar contra las olas.

Afrontar un fracaso es complicado, pero también puede ser enriquecedor.

Resiliencia. No llores por la leche derramada. Reinvéntate.

Nadie dijo que innovar fuera fácil. Prueba un nuevo diseño, desafía a las olas, incorpora nueva tecnología, o recursos humanos más adecuados.

Resiliencia. Vaya palabro.

El primer día que haga bueno vamos a volver a la playa, con un par de palas que teníamos por casa (el otro día solo utilizamos las manos), y un balde. Mi hijo mayor ya prepara un diseño nuevo, con una zanja que rodea el refugio como medida de seguridad extra.  Veremos.

¡Compartir es vivir!