¡Compartir es vivir!

¿Hace cuánto tiempo que no has vivido una situación en la que, literalmente, se te erizaba el pelo de los brazos, o de la nuca? ¿Cuándo fue la última vez que te enamoraste hasta las trancas, que tuviste ganas de gritar lo que sientes a pleno pulmón, que se te llenaron los ojos de lágrimas de repente como si no fueran tuyos? ¿has tenido alguna vez la sensación de que no puedes respirar, de que el mundo se para, y de que solo existe ese dolor, ese amor, ese miedo, esa inmensa emoción que te atrapa?

¿Cómo escribir contenidos que emocionen? Para transmitir emoción lo primero que tienes que hacer es ser capaz de emocionarte. A veces la vida cotidiana hace que nos sumerjamos de lleno en la complacencia, el cinismo o la apatía en lugar de dar paso a las emociones, más intensas y menos racionales.

Y es que no es práctico andar por ahí exaltado. No lo es en absoluto. Por eso tenemos las pasiones domesticadas, las sacamos con correa a echar una meadita en el jardín, y de vuelta para casa sin causar mucho alboroto.

Lo que ocurre es que en toda transmisión en la que participan humanos parte del mensaje se desvirtúa. Solo si eres capaz de sentir con intensidad podrás transmitir emoción. Antes se coge al mentiroso que al cojo, y una pasión fingida nos deja más fríos que el laboratorio de J.F. Sebastián (perdón por la frikilicencia).

Bien, vamos a suponer que ya te has permitido una licencia emocional intensa. ¿Cómo puedes trasladarlo a tus contenidos? No se trata de soltar sobre el papel una vomitona emocional sin más, al más puro estilo Gran Hermano, sino de utilizar ese estado para aportar intensidad dramática cuando sea necesario.

Los “gurús” suelen recomendar recordar esas emociones en el momento en que las estamos viviendo para utilizarlas después como si de retales se tratara. Claro que, cuando uno está viviendo un enamoramiento feroz o un dolor desgarrador por la pérdida de un ser querido, por ejemplo, no se suele acordar de memorizar si le pasa tal o cual cosa mientras tanto.

Dicen que un buen sistema es aprovechar el poder evocador subconsciente de la música y de los aromas. Recreando sensorialmente ese momento en el que vivimos tal situación seremos mucho más capaces de escribir contenido que, con las variaciones que imponga el formato, transmita esa emoción inigualable. La de ese encuentro. La de ese beso. La de ese adiós.

Siempre queda el recurso del diario. Escribid.

¡Compartir es vivir!