¡Compartir es vivir!

Aprovechando que estamos a final de año, y que ayer termino el programa «Tu al Norte y Yo al Sur», en el que he estado involucrada desde julio, aprovecho para volver a este blog que tenía abandonadísimo por falta de tiempo. Convencida de que un día en el que no aprendes nada es un día perdido, y que este año ha sido especialmente intenso en ese sentido, creo que es un buen momento para hacer un repaso a las cosas que he aprendido (o recordado) este año.

Antes que nada, tengo que decir a que a nivel profesional este ha sido un año especial. Os pongo en antecedentes.

A principios de año, mi socia Maite López y yo decidimos cerrar la empresa que habíamos creado con tanta ilusión, Fantory, para emprender caminos separados. En mi caso, quería centrarme en la elaboración de contenidos y más concretamente, en la creación de historias. Aunque es algo a lo que me he dedicado toda mi vida, en ese momento mi trayectoria profesional iba derivando a cuestiones más relacionadas con el marketing online.

Echaba de menos ser guionista. Tanto, que a la vuelta del último Encuentro de Guionistas al que acudí en Barcelona, pensando que quizá sería el último, me pegué una llorera desde que salí de mi casa en Algorta hasta que llegué (andando) a la oficina en Las Arenas. Más de 30 minutos de congoja, y eso que yo no soy llorona.

Esta foto es de hace poco más de un año, es el camino que recorría para ir a la ofina en Fantory.

Este es el camino que recorría a diario para ir a la oficina de fantory.

Poco tiempo después Maite y yo tomamos la decisión de separar nuestros caminos profesionales y reconducir nuestras carreras. Contar historias es la mejor profesión del mundo. Sin duda.

Este año, además de mantener a cuatro clientes fijos maravillosos (de esos que casi deberías pagar por tener), he conseguido dos hitos profesionales importantes para mi: por un lado, volver a la televisión con el reality «Tu al Norte y Yo al Sur», de Pausoka para ETB y por otro recibir una ayuda a desarrollo de guion del Gobierno Vasco por el largo de ficción «El tesoro de Lohman«, un proyecto que me tiene enamorada.

Aunque alguien pueda pensar que no es para tanto, para mi ha supuesto «estar de vuelta». Y esa sensación es acojonante.

Ahora si, ahí va mi listado de lo que he aprendido (o reaprendido) este año. Algunas cosas son importantes, otras son chorradas. Pero esto no es un libro de autoayuda, es solo un post personal, así que allá van.

  1. El que la sigue la consigue. «Ser pesado» como valor en alza. Con (mucho) trabajo y (mucho) empeño se puede conseguir casi cualquier cosa. Ojo, he dicho casi. «Quod natura non dat, Salmantica non præstat». Eso sí, cuanto más elevado sea el objetivo, más hay que currar. Y eso nos lleva al siguiente punto…
  2. La fama cuesta. ¡Y tanto que cuesta! No he pagado con sudor,  pero si con algún kilo de más y lo que parecen siglos de trabajo a la espalda. Creo que nunca había currado tanto como lo he hecho este año, aunque igual sí y no me acuerdo. No he tenido vacaciones en todo el año, y hace un par de semanas tuve mi primer fin de semana libre desde julio, que se dice pronto.
  3. ¡Qué buena gente te encuentras por el mundo! He tenido una suerte alucinante con la gente que me he cruzado este año. A algunos les conocía y otros son nuevos. Pero, oye, cojonudos. He aprendido un montón de ellos a nivel profesional y a nivel humano, espero haber sido capaz de corresponder en algo. Solo puedo estar agradecida. Que luego escuchas historias por ahí y te quedas a cuadros.
  4. Los rodajes son microcosmos socialmente apasionantes. Nunca había estado en un rodaje tan largo como en el que estuve este verano, y las relaciones personales que se crean con tanta intensidad y durante tantas horas al día hacen que haya entendido el «es que aquí todo se magnifica» de Gran Hermano.tu-al-norte-y-yo-al-sur
  5. Hay historias que fluyen por si mismas y tú solo tienes que transcribirlas. Es la sensación que he tenido al escribir el tratamiento de «El tesoro de Lohman«, y nunca me había pasado, al menos en un proyecto tan complejo. Casi me siento culpable de lo sencillo que me ha resultado.
  6. Hay que aprender a decir «no». Hay que decirlo más (sí, estoy pensando en Southpark). Y no solo por falta de tiempo, también por salud mental.
  7. Escribir en la cama no es buena idea. Es malísimo para la espalda. Tengo una contractura en el glúteo desde hace meses, pero lo sigo haciendo. Tengo una bandeja de esas con cojín por debajo, y me encanta. Digamos que esto lo he aprendido, pero aún no lo he aceptado 😉
  8. La A-8 es un invento de Satán. La AP-8 es la autopista que une Bilbao y Donostia, o más concretamente, mi casa y Miramón, una de las sedes de EITB. Hora y veinte minutos (si no hay atascos ni accidentes) y más de 20 euros por trayecto entre peaje y gasolina, acompañado de curvas, obras, túneles, emisoras perdidas… una aventura diaria.

Por supuesto, he aprendido muchas más cosas, como las diferencias entre la narrativa emergente y la narrativa embebida de los videojuegos (ahí queda eso); física de 2º de la ESO en euskera (con mi nivel, puntúa triple), y la suerte que tiene mi hijo pequeño de tener un hermano mayor («Ama, a Jon se le ha caído un diente, pero no quiere que lo sepáis hasta que lleguéis a casa, te digo para que vayáis pensando ya sabéis qué. Pero hacer como que no lo sabíais»). Y mil cosas más que me dejo en el tintero.

Espero con ilusión 2017, con varios proyectos sobre la mesa, y retos interesantes. De momento, la semana que viene me la cojo de vacas para empezar enero con energía.

Si alguien se anima a dejar comentarios sobre lo que ha aprendido este año, o lo que sea, you´re welcome.

¡Compartir es vivir!